martes, 16 de noviembre de 2010

MARISA GUTIÉRREZ CABRIADA Portugalete 1959.

1981, licenciada en Ciencias de la Información, sección Periodismo, por la Universidad Autónoma de Barcelona.

Paralelamente a esta actividad periodística, toda mi vida he ido escribiendo poemas u otros textos literarios, y haciendo collages, con papeles y materiales que reciclo, la mayoría recogidos de la basura.
En este campo creativo considero importante mi pertenencia al taller de creación literaria de Barakaldo “La Galleta del Norte”. Trabajando en grupo, de forma colectiva.


Realizar collages es una actividad que me gusta mucho. Seguramente, por eso la realizo hace ya treinta años.  Fue precisamente entonces, en 1980, cuando una amiga mía marchó a estudiar música a Suiza y yo en las cartas, para divertirme y hacerla reír, empecé a enviarle postales o recortes de revista, que modificaba, pegando encima otras cosas. Total, sólo necesitaba unas tijeras, papeles que pillaba por cualquier parte y un poco de pegamento.

Yo entonces ya escribía poemas y otros textos y, al de poco tiempo de manipular aquellas postales y aquellos papeles, me fui dando cuenta de las enormes posibilidades expresivas que tenía, literalmente, entre manos.

Recortando y pegando - una actividad, por otra parte, que de niña me había apasionado- podía expresarme tanto como con la escritura. Además, podía adueñarme de imágenes ajenas y mezclarlas luego a mi gusto, según otra disposición, la mía. Logrando sorprendentes cambios de sentido. Encontrando, muchas veces por azar, inesperados hallazgos. Quedándome incluso yo misma a veces sorprendida por el humor y/o la poesía de los resultados.

Buscando materiales para mis recortes, me di cuenta de que lo que sobraba era precisamente eso. Vivimos bombardeados por mensajes visuales que a diario se nos ofrecen en forma de folleto publicitario, periódico, revista, libro… y que, demasiadas veces, simplemente acaban en la basura.

Pues, bien. Yo decidí aprovechar ese cuerno de la abundancia y del derroche de papeles satinados y cuatricomías y utilizarlo en mi propio beneficio, antes de que se pudriera en el recorto y luego las combino en otra disposición, las doy otro orden. El mío.

A lo largo de todos estos años mi trabajo ha evolucionado. He ido cambiando de temas, de formas de composición, de todo, incluso de colores. Los collages, además de entretenerme muchísimo y de haberme hecho pasar muy buenos ratos, que no es poco, me han servido de espejo en los que he podido ir rastreando a lo largo del tiempo mis obsesiones, mis manías, mis curiosidades, mis intereses y, en definitiva, mi propia transformación.

En estos momentos realizo una serie de collages que tienen como tema central le lectura, la escritura y la literatura y, como fetiche o figura recurrente, la imagen de Federico García Lorca y sus poemas, sobre todo, los incluidos en “Poeta en Nueva York”.

A lo largo de todo este tiempo, recortando y pegando papeles, he descubierto que empezar un collage es como salir a pescar o a cazar mariposas. O comenzar una exploración. O, tras haberse limpiado con cuidado las gafas, disponerse a mirar con atención algo, enfocando bien con los ojos. Es decir, ponerse en una determinada actitud. “Los ojos de mis ojos están abiertos”, dijo una vez muy bien el poeta E.E. Cummings. Ésa es la actitud a la que me refiero, la precisa que comenzar un collage. Luego interviene el azar, la cantidad y calidad del material que estés trabajando y, entre otros factores, lo iluminada que te sientas ese día.





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